Las
discusiones acerca de la verdadera naturaleza de los OVNIs
han originado hipótesis completamente distintas. Van desde
la suposición de que se trata de fenómenos naturales aún
poco conocidos, hasta la creencia de que son proyecciones
creadas por los demonios para apartar a la humanidad de
Dios. Teniendo en cuenta que desde los mismos hechos se ha
llegado a conclusiones tan diferentes, habrá que reconocer
que en la cuestión de los OVNIs, desde un principio las
creencias personales y la fe, tuvieron más peso que la razón
y la ciencia. Cuando el hombre de la calle a través de los
medios de comunicación, y los presuntos testigos directos,
se enfrentaron a un fenómeno desconocido e inexplicable,
inmediatamente lo relacionaron con supersticiones o
principios religiosos. Lo desconocido provoca angustia,
incertidumbre, temor o veneración, éxtasis y glorificación,
adjetivos éstos que de alguna manera se asocian a valores
religiosos: ¿Qué tenían que decir los sacerdotes ante el
problema de los OVNIs?. Por lo pronto, algunos de ellos
retocaban el Dogma para el caso de que todo lo que se
comentaba fuera real, y los marcianos tripulantes de los
platillos volantes descendieran masivamente en las ciudades.
En 1954, el Reverendo Padre Felipe Dessaurer, de Munich, en
una reunión de eclesiásticos y personas laicas, realizada en
Bonn (Alemania Occidental), expresó: "Los planétidas, es
decir los ocupantes de los platos voladores, son
indudablemente seres pensantes pues poseen un elevado
perfeccionamiento técnico; parecen mortales pues evitan a
los aviones terrestres que por más de un motivo deben
parecerles peligrosos; probablemente no pertenezcan a la
categoría de los ángeles ni de los demonios pues están
sujetos a limitaciones físicas y necesitan ayudas mecánicas.
El deber del hombre es recibir cristianamente a los
planétidas. Podemos dejar en suspenso el problema de las
relaciones con Dios y la creación, hasta el momento que
lleguen y se hagan comprender por nosotros... Los seres
desconocidos de otros planetas deben ser considerados como
personas desde el punto de vista filosófico, y como
criaturas de Dios desde el punto de vista teológico". En
Francia el padre Remy, miembro de la Sociedad Astronómica de
esa nación, se preguntaba en 1951 "...si estos seres habrán
pecado como nosotros y si podrían ser directa o
indirectamente alcanzados por la Encarnación del Verbo y la
Redención de Jesucristo". El órgano de difusión Civilita
Catholica publicaba en 1952 un escrito titulado "La Teología
y la posibilidad de existencia de habitantes de otros
planetas". La conclusión era que tales seres no estaban
sujetos al pecado original y sus consecuencias, de modo que
vivirían en una "bienaventurada existencia paradisíaca". Por
otro lado, un famoso escritor católico de la época, Daniel
Rops, no temió reconocer en un artículo publicado por la
revista Carrefour el extraordinario interés que
experimentaban los altos dignatarios eclesiásticos por el
problema de los platos voladores. Un jesuita amigo le había
revelado que algunos teólogos pensaban incluso que sus
tripulantes podrían pertenecer a la jerarquía de los
ángeles. Rops opinaba que "nada en la Biblia impide pensar
que haya otros seres en el Universo" y en la revista
"Ecclesia" de la que era director, apareció un artículo de
1954 titulado "¿Podrá aclararnos la Biblia el misterio de
los Platos Voladores?". Entretanto un clérigo inglés, el
reverendo Eric Inglesby, opinaba: "Como fenómeno psíquico
(muchos OVNI lo son) el tema es interesante, y puede llegar
a ser peligroso, en su aspecto espiritual, que involucra el
destino de las almas inmortales, ya sea por falsas
creencias, por posesión espiritual o incluso por rapto, los
OVNIs no sólo son peligrosos sino incluso mortíferos. En
cierto modo, para aquellos que realmente los ven,
constituyen manifestaciones visibles de aquellos principados
y poderes que San Pablo identificó claramente como
demoníacos y malignos". No pensaba lo mismo el Padre Segundo
Benito Reyna, sacerdote argentino de la orden Jesuita,
pionero en la investigación del tema OVNI, astrónomo y
matemático, quien ante la pregunta de si los seres de otros
mundos necesitan la Redención, respondió: "¿Han pecado estos
seres?, ¿Han caído?. La redención hecha por Jesucristo, es
de valor infinito, está hecha por Dios. Por lo tanto, la
Redención hecha en la Tierra es suficientísima para redimir
a los miles de mundos posibles habitados que existen en el
Universo. De allí el santo orgullo de los terrestres, que
somos los únicos que podemos llamar a Dios nuestro hermano.
Y la Redención, si "ellos" la necesitan, se hizo con nuestra
sangre humana. Los terrestres somos los más privilegiados
del Universo. La Iglesia se regocija con el anhelo del
hombre de explorar el Universo". Segundo Reyna vió y
fotografió OVNIs, desde su telescopio del observatorio
Adhara en San Miguel, Buenos Aires, y estaba convencido de
su origen extraterrestre. Al respecto afirmaba en una
entrevista que concedió al investigador rosarino Luis
Reinoso: "Ví hasta en dos oportunidades naves madres (...)
Probablemente ellos vienen de nuestro sistema solar, de
Júpiter (...) Si no hubiera seres en otros mundos, eso iría
en contra de la bondad, de la caridad, del amor de
Dios...sería tristísimo un Universo, en que únicamente la
Tierra, un puntito insignificante, hubiera vida. En
Argentina y en todo el mundo hay institutos que están
realizando una aproximación de las mentes humanas para
recibir a los hermanos del espacio, a través de la
comunicación mental (...) Por desgracia el hombre, que en
gran parte es perverso; ambicioso; egoísta, no quiere
recibir otras civilizaciones, porque no conviene a las
grandes potencias que vengan otras formas de cultura, más
aún, los han perseguido insistentemente a los OVNIs, han
dado la orden de derribarlos. ¡Que manera de recibirlos!. El
fenómeno OVNI es real. Nadie si es sensato puede negarlo,
pero todavía no sabemos su naturaleza. Los que dicen 'si no
lo veo, no lo creo', es simplemente de torpes, de
necios..."
En
España, nos cuenta con fino humor el antropólogo Ignacio
Cabria, "la revolución de las sotanas en el tema de los
marcianos se debió al celo misionero que las animaba, pues
de pronto se descubrían nuevas almas descarriadas, esta vez
en el lejano universo donde, a buen seguro, no habría
llegado la predicación de los apóstoles". Así, el reverendo
Emilio Saura declaraba a los periodistas de la madre patria
que "La posibilidad de mundos habitados no pugna con la
doctrina católica" y citaba a Santo Tomás: "Lo creado no
puede poner límites a lo increado". Pero también apunta
Cabria que la influencia de la Iglesia en aquellos momentos
(el régimen de Franco) "permitía que las palabras de
cualquier cura aficionado fueran saludadas como argumentos
de autoridad a pesar del grado de aberración que éstas
podían llegar a adquirir". Es el caso del sacerdote
Severiano Machado (autor de uno de los primeros libros
españoles de ufología: "Los platillos volantes ante la razón
y la ciencia", 1954), quien se hizo famoso al avalar la
historia de un enfermero madrileño, que dijo haber recibido
una piedra con inscripciones de manos de un ser espacial. El
sacerdote "tradujo" los signos, quedando al descubierto su
origen saturniano: "Mensaje de Saturno a la Tierra, vamos en
viaje de ida y vuelta para trazar un lazo de amistad con
toda la Tierra..." Ignoramos si aparte de teología, el cura
ufólogo leía mucha ciencia-ficción. Sin embargo estos hechos
airados por la prensa española intrigaron a otro sacerdote,
esta vez de la orden de los Dominicos, el padre Antonio
Felices, que más tarde se viera absorbido por la temática
OVNI, fundando un grupo de investigación. Estos conceptos
suyos serían difundidos por el periodista J.J.Benítez: "creo
que los OVNIs son astronaves procedentes de otros planetas
tripulados por seres más avanzados que nosotros (...) Este
hecho sería una confirmación de la doctrina cristiana, de
que Dios creó este mundo y muchos otros. Incluso que Ellos
podrían tener cierta responsabilidad sobre nosotros... la
misión de guiarnos. (...) Aquellos seres que se parezcan más
al hombre, quizá sean nuestros protectores. Esto concuerda
con muchos pasajes de las Sagradas Escrituras. Una Biblia,
por cierto a la que yo pienso que sólo ahora con la
presencia de OVNIs y extraterrestres, estamos empezando a
entender de verdad. (...) Quizás Ellos fueran los encargados
de traer la simiente de vida sobre nuestro planeta. Dios
como afirma Santo Tomás, nunca obra directamente. (...)
Podría ser que sobre estos E.T. que nos visitan haya otras
inteligencias superiores que no necesiten de formas físicas.
(...) A medida que ascendamos en este nivel de inteligencia,
es casi seguro que iremos perdiendo materia, para pasar a
ser pura inteligencia. Esto quizás sea la idea más
aproximada de Dios".
Ideas
similares a las del padre Felices, fueron puestas
directamente en práctica por tres pícaros curas españoles en
Chile, en 1970, que desafiaron al Vaticano dando misa a su
manera. Según los presbíteros Eleuterio Bravo, Mariano
Arribas y Nicasio Viejo, la Iglesia debía reestructurarse
aceptando que sus arcángeles tripulan OVNIs. Manifestaban
con vehemencia: "Los ángeles malos combaten a los OVNIs,
pero ellos vencerán a la vieja Iglesia y a sus enemigos para
purificar la fe católica y derrocar los viejos moldes" y
luego de ser excomulgados siguieron enfatizando: "Recibimos
órdenes de seres extraterrestres". De más está decir que
cosecharon una impresionante cantidad de creyentes y mucho
dinero de esos mismos creyentes. Por el contrario, para
Salvador Freixedo, un delirante ufólogo español que
previamente había sido sacerdote jesuita "hay numerosos
paralelismos entre OVNIs y demonios. La humanidad es sólo
una peonza en una partida de ajedréz cósmica, en la que
están implicadas dos grandes fuerzas antagónicas: los
ufonautas benignos y las entidades de Luzbel. Estas son las
causantes de la creciente agitación social, política y
religiosa que vemos a nuestro
alrededor"
Como
vemos, ni siquiera la Iglesia católica se salvó del nuevo
catecismo extraterrestre que lentamente invadía occidente
preocupando ya al Obispo de Norwich en el Parlamento
Británico, especialmente en forma de "sectas platillistas"
surgidas desde las entrañas de la cultura ufológica, pero
que se dieron gracias a un contexto mucho más amplio, que
vale la pena analizar.
ERA
ESPACIAL, MILENARISMO Y ANTIGUOS
ASTRONAUTAS
En
los años cincuenta, pasados los horrendos episodios de la
segunda guerra mundial, el holocausto nazi, la masacre
provocada por la primera bomba atómica, y ya en pleno
enfrentamiento entre los bloques este-oeste, renacen con
gran fuerza las creencias milenaristas. Por primera vez el
hombre puede destruírse a sí mismo en pocos minutos con las
nuevas armas, mientras el avance técnico y científico pone
al gran público de cara al cielo estrellado. El desarrollo
de los cohetes bomba alemanes darán en cualquier momento la
posibilidad de que el ser humano comience la carrera
espacial a bordo de cápsulas cósmicas. La luna es el primer
objetivo, casi palpable, pero los medios masivos de
comunicación dan por hecho que antes de 1990 estaremos ya en
Marte. La era espacial y una creciente sensación de
milenarismo y apocalipsis invade imperceptiblemente los
espíritus de occidente.
Ambos
movimientos se mezclan en nuevas visiones místicas y cultos
que adoran todo lo proveniente del espacio exterior. Si
nosotros vamos al espacio, ¿por qué no pueden "otros" venir
a la Tierra?. ¿No se habla continuamente de OVNIs y extraños
signos en el cielo?. ¿Qué otra cosa pueden ser sino los
antiguos ángeles que vuelven, alertándonos por el mal camino
que hemos tomado?
Para
1969 el hotelero suizo Erich von Däniken conocía la fama
internacional, a través del arrasador éxito de su libro
"Regreso a las estrellas", donde postulaba de la forma más
pseudocientífica sus especulaciones sobre la visita de
"dioses-astronautas" en la antigüedad. Esta idea, jamás
probada, pero con una fuerte carga emocional, trató de
sustentarse de cualquier forma, hasta con falsas pruebas
arqueológicas, verdades a medias, e incluso abiertas
mentiras por muchos autores, antes y después del señor von
Däniken, devenido, por obra y gracia de la credulidad
pública en "prestigioso arqueólogo". Todavía hoy, 30 años
más tarde, mucha gente sigue llamando "pistas de Nazca" a
los geoglifos preincaicos del Perú, que representan
simbolismos que denotan el admirable progreso filosófico y
astronómico de esta cultura, y no un "aeropuerto para el
aterrizaje de platillos". De igual forma el personaje maya
representado en la lápida encontrada en Palenque (Chiapas,
México) se perpetuó como "el astronauta de Palenque" (por su
parecido con un moderno cosmonauta tomando los controles de
su cápsula) cuando en realidad -como no se cansa de repetir
el estudioso Néstor Berlanda- el mensaje del bajorrelieve ha
podido descifrarse con ayuda de la tradición oral,
representando una complejísima y bella cosmovisión del paso
a la vida más allá de la muerte, en honor al rey-sacerdote
Pacal, cuyos restos descansaban bajo la famosa
lápida.
El
entusiasmo que provocaban todas estas controvertidas
hipótesis, que diluían la asombrosa realidad del salto
tecnológico con una buena cantidad de misterio e ilusión,
realimentaban y daban forma a las creencias, que poco a poco
pasarían a formar las doctrinas de los nacientes grupos
mesiánicos, llamados "sectas platillistas".
El
investigador rosarino Luis Alberto Pacheco, pionero en
advertir el surgimiento de estos cultos relacionados con los
OVNIs en Argentina, define en su libro "Los mercaderes de la
fe. Sobre OVNIs y sectas" a una secta platillista como "el
conjunto de voluntarios que comparten una misma creencia
pseudoreligiosa o mística, que siguen a un líder en
particular (generalmente un "contactado con seres espaciales
o de otras dimensiones") y que utilizan la temática OVNI
como herramienta de captación y unificación grupal, siendo
sus características básicas el milenarismo, el mesianismo y
el fundamentalismo".
Parece
ser que la llegada de los fines de siglo o de milenio,
provocan cierta inquietud espiritual, y el afloramiento de
las supersticiones en occidente, fomentadas desde la cultura
judeocristiana y las crisis históricas. Dice el filósofo
Pablo Capanna que hay una regresión religiosa y un conflicto
en nuestra cultura, pero que el "clima mágico" ya se dio en
otras épocas, entre las que cita el bajo imperio (cuando se
percibía el fin de una era -la civilización romana- y se
abandonó la razón, imponiéndose cultos exóticos, la
astrología y el paganismo. También se repitió el fenómeno
durante el Renacimiento, que según Capanna es irónicamente
conocido como "la edad de la razón" cuando en realidad fue
una de las épocas más mágicas que se recuerden. El astrónomo
Kepler elaboraba horóscopos para poder vivir y el matemático
Cardano, curiosamente, aseguraba tener contactos con
enviados de otros planetas.
La
irrupción de los platos voladores en 1947, tiene mucho que
ver con estos procesos, ya que cabe recordar, que la
observación del piloto Kenneth Arnold de nueve objetos
brillantes sobre los montes Cascade, en Washington, fue
atribuída por el propio testigo a unos nuevos misiles que en
pocos días más el ejército daría a conocer. Sin embargo una
explosión inusitada de informes similares siguieron al suyo,
primero en los Estados Unidos y posteriormente en todo el
mundo, como si el humilde hombre de negocios hubiera
abierto, sin querer, la puerta que la gente necesitaba para
volcar como una avalancha sus necesidades de trascendencia,
de ilusión y de creer en algo superior. Todo esto, dicho sin
desconocer que existan casos verdaderamente misteriosos,
atribuíbles a visitantes espaciales o a cualquier otra
especulación o teoría que al lector le guste. En cualquier
caso, nunca resueltos
satisfactoriamente.
Lo
cierto es que el campo estaba abonado para que declaraciones
en apariencia descabelladas como las de George Adamsky o
Howard Menger, fueran objeto de preocupación y respeto, por
una gran parte de la población mundial, incluídos jefes de
estado, profesionales y respetables referentes del cuarto
poder.
ADAMSKY, UN
MODERNO MOISES
George
Adamsky, fue el pionero en conformar sectas ufológicas. De
origen polaco, era un norteamericano entrado en años,
director de un restaurante en la falda del Monte Palomar y
aficionado a la teosofía y a la astronomía. En 1946 fue
capaz de escribir una novela de ciencia-ficción sobre un
viaje al cosmos. Con respecto al esoterismo, había publicado
asimismo un libro titulado "La Real Orden del Tibet". En
estas obras se encuentra parte del discurso que luego
pondría en boca de sus amigos venusinos. Es que desde esa
época Adamsky escudriñaba el cielo en busca de platillos
voladores, ayudado por sus dos telescopios de reflexión de
38 cms y 15,24 cm, este último equipado con cámara
fotográfica, con la que obtuvo decenas de fotos de "naves",
discutidas hasta el hartazgo, impugnadas como burdos
trucajes, o admiradas como pruebas fehacientes del contacto
con seres de otros mundos.
Según
cuenta el propio Adamsky en su libro "Flying Saucers have
landed", escrito en colaboración con su fiel amigo, el
aristócrata inglés Desmond Leslie, "el 20 de diciembre de
1952, a la una de la mañana salí de Palomar Gardens al
volante de mi viejo automóvil para encontrarme con unos
amigos, al oeste de Blythe (...) Llegamos a nuestro destino
a las ocho. Nuestros cuatro amigos de Arizona con los que
habíamos quedado citados, los señores Bailey y Williamson y
sus respectivas esposas, nos esperaban algunos kilómetros
antes de llegar a la ciudad..." (como nota interesante, hay
que añadir que Williamson, se convertiría en "Brother
Phillips" más adelante, fundando la "Abadía de los siete
rayos" en el Lago Titicaca, editando libros de carácter
esotérico como "El Secreto de los Andes" donde también